Claude Debussy: La mer
Música en vivo 25€
Sábado, 14 de noviembre · 18:30
La Orquesta Sinfónica Portuguesa, bajo la batuta de Joseph Swensen, interpreta obras clave del modernismo francés junto a una voz portuguesa, con La mer de Debussy, Prélude à l'après-midi d'un faune y la Pavane de Ravel, en un concierto que traza la efervescencia creativa del modernismo temprano.
¿Y si, en un solo programa, se pudiera mapear la efervescencia creativa del modernismo temprano, su superación de límites, sus diálogos interartísticos y su búsqueda incansable de un nuevo lenguaje musical? La Orquesta Sinfónica Portuguesa, bajo la batuta de Joseph Swensen, presenta obras clave del modernismo francés en torno a una voz portuguesa moldeada por las mismas corrientes. Abriendo el concierto, el Prélude à l'après-midi d'un faune (1894) de Debussy, un hito en la historia de la música generado a partir de la poesía simbolista de Mallarmé. Al disolver las fronteras entre ritmos, armonía y color orquestal, esta obra introdujo una nueva concepción del tiempo musical, en la que la atmósfera suplanta el argumento y el tema sinuoso de la flauta flota a la deriva, como la propia conciencia. El Concierto para violín y orquesta (1916) de Luís de Freitas Branco, aquí interpretado por Carlos Damas (solista del estreno parisino de la obra), constituye un logro singular en la música portuguesa. Basándose en la exploración modal y de formas cíclicas más cercanas a César Franck que al Impresionismo, revela a un compositor navegando entre la herencia del pasado y una voz armónica inequívocamente personal, décadas adelante de su reconocimiento más amplio. La Pavane pour une infante défunte (1899) de Ravel, una meditación sobre una danza cortesana renacentista, aporta quietud y luminosa contención orquestal al programa. Cerrando la velada, el ambicioso La mer (1905) de Debussy: tres esbozos sinfónicos en los que el mar se convierte en fuente inagotable de color, movimiento y profundidad emocional; una obra en infinita renovación, como las mareas que evoca. Cuatro obras, tres compositores, pero una convicción compartida: que la música, cuando está libre de convenciones, se convierte en algo cercano a la propia naturaleza.