Es difícil saber dónde termina la historia y dónde comienza la leyenda de Robert Johnson, el bluesman maldito que habría vendido su alma al diablo en un cruce de caminos polvoriento del Mississippi. Los registros (ya sean visuales o fonográficos) de su paso por este mundo se cuentan con los dedos de la mano. Veintisiete años de existencia resumidos en un puñado de grabaciones de estudio, que aún hoy resuenan, eternas, en el grano de aquellos discos, en las voces y los instrumentos de los devotos. Devotos como Tó Trips y Ray, a quienes la organización del festival Coimbra em Blues retó a reinterpretar el repertorio de esta alma en pena. Y que el 6 de noviembre replican el espectáculo en la Casa Capitão. Tó Trips trae el misticismo del desierto, la distorsión ácida de las cuerdas de su guitarra resonando como un disparo en la noche, mientras Ray aúlla las letras, poseído. Sin miedo a mirar de frente al diablo ni a la muerte. Como Robert Johnson antes que ellos. No hay plazas sentadas, ni marcadas, en los conciertos de la Casa Capitão. Para garantizar una buena posición frente al escenario, conviene llegar temprano. Y estar preparado para pasar una o dos horas de pie.