Un título bellamente reivindicativo, el que este cuarteto de Baltimore eligió para dar a su último álbum = Demand To Be Taken To Heaven Alive! Así mismo, con punto de exclamación, como quien exige escapatoria a este infierno en la Tierra. Un cielo cada vez menos nuestro por derecho. Tiene, por tanto, todo el sentido que en su sexto álbum de estudio —si excluimos el exitoso encuentro con el veterano Arnold Dreyblatt captado en Extended Field para la serie FRKWYS, de nuevo en RVNG Intl.— encontremos su música más descaradamente bella. Un continuo florecer de las semillas minimalistas de la banda que, al habitual kit de batería, guitarra, bajo, electrónica y saxofón, une ahora aún más vientos y, por primera vez, voces. Líneas pasajeras alineadas con la trayectoria ya demostrada e inagotable de la banda, encantadas en las palabras y melodía de un himno de finales del siglo XI, que son recortadas en acentos rítmicos cercanos al Tehilim de Steve Reich. Un minimalismo que atraviesa una vastedad histórica y cartográfica: toma ecuaciones rítmicas complicadas para tejerlas en una tapiz hipnótico, que es tan deudor de Can como de la inspiración común en las polirritmias y líneas de África Occidental, aplica la 'just intonation' de La Monte Young en melodías de guitarra y saxofón esquinadas que se repiten sobre un pulso de bajo groovy y texturas electrónicas. Que no es bien, o solo, rock, ni propiamente funk, pero se aloja con espacio por entre esas y otras formas de música que hacen de la recurrencia medio para el éxtasis. BS.