Parece ser trabaja con los recursos técnicos que Iván Haidar utiliza en sus proyectos para reflejarse y poder estar sentado frente a sí mismo, creando, por un instante, la ilusión de que no hay nada más real que creer en aquello que vemos, incluso cuando sabemos que no es verdad. Propone sentarnos en una platea para asistir a un espectáculo en el que la propia ficción es el público, inmovilizado y ordenadamente dispuesto durante un determinado período de tiempo, ante aquello que probablemente será el reflejo de sus propios pensamientos.